sábado, 25 de noviembre de 2017

LOS VINOS DE LAS ISLAS

                                          Proyecto : VUELTA A LAS RAICES



Desde que empecé a hacer mis vinos en 2012 siempre me sentí un poco diferente a la mayor parte de elaboradores. El hecho de no intervenir absolutamente nada en los vinos, así como el de cuidar las viñas libres de cualquier producto químico me colocó en el límite de lo que muchos en España llaman los frikis del vino.
Siempre me sentí cómodo trabajando de esta forma, y lo mejor es que, año tras año, percibo que la relación con las viñas es mejor.
Por lo tanto el aislamiento, como el de las islas, también se convirtió en una parte más de mi trabajo. Cuidar el viñedo de esta forma, recuperar cepas viejas en vaso, y que tus vecinos, especialmente los industriales, de forma periódica apliquen herbicidas, sistémicos, abonos foliares, constantes paso de arados al suelo, está claro que te convierte en algo diferente, para muchos en un bicho raro.
Pero esta situación de aislamiento que hasta hace poco la consideraba como algo que me permitía mantener la pureza propia de mi forma de trabajar y que al final se traducía en autenticidad en mis vinos la empiezo vivir de una forma triste en muchas de mis viñas. Hasta ahora me consideraba una isla de pureza entre productores que usaban y abusaban de los productos químicos, pero de repente todo ha cambiado.
En mi pueblo desembarcó, hace tres años aproximadamente, una empresa del vino proveniente de Ribera del Duero. Compró una nave industrial, que han intentando maqillar exteriormente, pero que sigue siendo una nave industrial, y nueve hectáreas de viña de mencía. Su objetivo es el godello, por lo que tras el primer año de cosecha, y tras el consiguiente injerto de yema, han mutado para dejar su sitio al godello, o como los viejos de valdeorras dicen “verdello” (la del verdello es historia para otra entrada). Con el poder económico que parecen tener se han apropiado de bastantes hectáreas, desconozco el total, para alegría de un Consejo Regulador que ve en este tipo de empresas la mejor forma de ver crecer el potencial vinícola de Valdeorras.
El caso es que, ahora, en algunos de estos terrenos propiedad de estos industriales del vino somos vecinos, y donde antes tenía como compañera a una viña vieja en vaso, ahora tengo un erial desnudo que en el próximo abril acogerá a una nueva plantación en espaldera de “verdello”.
Con ello se pierde paisaje, se pierden plantaciones en vaso y se instalan mares de alambre para sostener el follaje de las cepas y se pierde diversidad natural en las viñas; en la viña vieja es normal la coexistencia de seis o siete variedades mientras que las nuevas plantaciones se dedican exclusivamente a un monocultivo de una única variedad. A todo es necesario añadir que el factor humano prácticamente desaparece. De un trabajo prácticamente manual se pasa a la mayor mecanización posible. La relación hombre-viña que duraba siglos desparecerá en estas nuevas plantaciones.

y que se gana?… para mi no se gana nada… pero para algunos se ganarán contraetiquetas para conseguir un organismo regulador más lucrativo… pero el dinero de verdad no se quedará aquí, emigrará al domicilio de esta empresa del vino. El paisaje machacado y la cultura popular destrozadas será para nuestro pueblo, los grandes beneficios para los de fuera.
Por eso ahora cada vez que dudo a la hora de comprar un vino me intento informar de quienes son, de donde vienen los productores, de si tienen arraigo en el territorio, o de si son una empresa de fuera que solo busca hacer negocio, y después decido si quiero contribuir a que nuestro entorno vinícola siga como lo he conocido o que se transforme en un monstruo inanimado.